Mujeres Embarazadas y Carrera Laboral: Expectativas y Presión Social

Jun 15, 2016 | Blog, Issue 4 - June 2016, Issue 4 Spanish, Issue 4 Spanish Blog

Por Teresa Cantero

Hay un plazo innegable, impuesto biológicamente, para la recuperación física de la mujer después del nacimiento de un bebé. Este llega de la mano de la emoción de traer a un nuevo niño al mundo. En las últimas décadas, los países han puesto en marcha políticas que protegen a la madre y al niño durante las primeras semanas después del nacimiento. La mayoría de las naciones del mundo entienden la importancia del papel que los padres juegan durante los primeros meses de vida de sus hijos y han hecho de la baja remunerada por maternidad y por paternidad parte de sus políticas. La decisión de quedarse en casa transcurridos los primeros meses la toma cada familia con base en diferentes variables, pero es en ese preciso momento cuando, aparentemente, todas las personas de su entorno intervienen para hacerles saber lo que realmente deben hacer. Estas opiniones que llegan de fuera de la relación de pareja, sin embargo, están dirigidas principalmente a las mujeres. Son mensajes que critican las decisiones que estas toman, sin importar la dirección que dispongan seguir, y que atenúan la responsabilidad de los hombres en el cuidado de los niños.

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María Gómez del Pozuelo, CEO de Womenalia.

En primer lugar, esta presión proviene de los medios de comunicación. Televisión, revistas y páginas web explican a la madre los diez pasos necesarios para volver a tener el cuerpo previo al embarazo a la mayor brevedad posible o cómo hornear perfectamente un bizcocho en fiestas temáticas de cumpleaños durante todos los años de la vida de su hijo. Los mensajes de las innumerables revistas y sitios web existentes se centran en la preparación de comida casera o en el tipo de pañales que las madres deben comprar, pero casi nunca mencionan la vida laboral después del nacimiento de un bebé. Las revistas familiares implican que esta ha terminado. De hecho, los medios de comunicación populares dirigidos a las mujeres casi nunca hablan de planificación familiar. Ninguno de ellos aborda a los padres como iguales en la crianza. Muchas veces ni son mencionados.

En segundo lugar, el estrés proviene de amigos y familiares. Una madre “abandona el nido” si vuelve a trabajar casi inmediatamente después del nacimiento de su hijo. Una mujer “ya no está interesada en su carrera” si decide tomarse unos meses para dedicarse al cuidado del recién llegado. Disfrutar de una larga pausa profesional para “complacerse” en el cuidado del bebé durante veinticuatro horas al día puede parecer, a los que no tienen hijos, una bendición. Sin embargo, para los padres, puede tratarse simplemente de una decisión económica debido a los altos costes de las guardería (y puede ser también la cosa más lejana que exista a unas “vacaciones”).

La última palabra en este asunto la ha de tener la madre, y esta decisión debería ser respetada por familiares y amigos. El problema llega cuando, dejando de lado la recuperación física, solo es la madre a la que se le pregunta por la conciliación laboral y familiar, y no el padre. Hombres y mujeres son igual de capaces de cuidar de sus hijos, pero la sociedad le dice al hombre que su responsabilidad está limitada al término de la jornada laboral, al tiempo que empuja a las mujeres a ser las madres perfectas desde el momento del nacimiento. La mujer, que probablemente ya ha combinado el trabajo con el embarazo como multitarea, debe perfeccionar ambas funciones, y es juzgada sin remedio. Mientras tanto, los padres reciben el mensaje de que no son importantes. La realidad es que incluso si una madre se toma unos meses para dedicarse al cuidado del recién nacido o decide quedarse en casa cuidando del bebé durante su primer año de vida, aún podría querer llegar a consejera delegada de la empresa para la que trabaja, realizar un doctorado a la vez que forma una familia, o tener otras altas aspiraciones profesionales. Pero es entonces cuando el mundo laboral interviene con sus negativas y le recuerda que, hasta la fecha, la mujer ocupa solo el 14% de todos los puestos de liderazgo, y que solo hay un 4% de mujeres consejeras delegadas.

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Allyson Zimmermann, Directora Ejecutiva de la división europea de Catalyst.

La tercera fuente de presión proviene del propio lugar de trabajo. “Hay un sesgo inconsciente que dice que las mujeres no toman en serio sus carreras cuando deciden tener hijos”, explica Allyson Zimmermann, Directora Ejecutiva de la división europea de Catalyst, una organización que lucha por la inclusión de las mujeres en el lugar de trabajo y que cuenta con más de 800.000 empresas colaboradoras. Zimmermann añade: “Uno de los prejuicios más comunes es la suposición de que esas mujeres van a tomar una trayectoria más lenta y que no van a continuar. Cuando regresan al trabajo, a menudo son inconscientemente no consideradas para ciertos proyectos”. Para romper este ciclo, Allyson Zimmermann sugiere que empleadores y empleados tomen estas pausas como oportunidades para desarrollar habilidades adicionales.

Los hombres tienen una enorme responsabilidad en la lucha por cambiar estas expectativas y actitudes de la sociedad y en reducir las barreras invisibles a las que se enfrentan las mujeres con la maternidad. En los últimos años, el permiso de paternidad remunerado se ha extendido en todo el mundo desarrollado, con la única excepción de los EE.UU., donde ni siquiera la baja por maternidad es una realidad nacional. “Los hombres deben hacerse oír”, explica Zimmermann a Women Across Frontiers. “Tienen miedo de tomar el permiso de paternidad, y en su lugar se toman vacaciones, aunque el permiso de paternidad se ofrezca en sus puestos de trabajo. Ellos tienen el poder de cambiar la cultura”.

Este punto de vista es ampliamente compartido por María Gómez del Pozuelo, CEO de Womenalia, una red social para mujeres profesionales con más de 270.000 usuarios. “Los hombres están más involucrados que en el pasado”, explica. “Muchos de ellos, sin embargo, todavía no toman ventaja de la baja de paternidad cuando se ofrece, y eso es un problema.” Zimmermann está de acuerdo. “Hay momentos”, dice, “en los que hombres y mujeres van a tomar una pausa en su carrera para quedarse en casa, y se les debe permitir hacerlo.”

Todavía hay mucho que hacer en la larga carrera por la igualdad. Es nuestro deber como sociedad el respetar y apoyar a los hombres y mujeres trabajadores que se embarcan en los desafíos y maravillas de formar una familia. No existen dos carreras profesionales iguales, y permanecer unos meses en casa no significa, necesariamente, estar abandonando el mundo laboral de manera permanente. Es nuestra obligación el comprender y aceptar las diferentes rutas que mujeres y hombres puedan tomar, dándole la bienvenida al inicio de un programa de doctorado o un MBA con la misma actitud de comprensión que a la elección de tener hijos.


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